martes, 8 de junio de 2010

Cuento del té.

Redonda, paleada, humeante, reposa la olla en la hornalla de la cocina. La destapo con precaución, el metal está muy caliente. Meto la cara dentro del vapor que trae los aromas de la pócima. –Hace frío, estoy preparando sopa. Sopa de hojas de acelga y de remolacha, con cebolla y un poco de queso crema. Él estuvo triste todo el día, atorado por las lágrimas que no quieren brotar, su problema no es incapacidad, sino que no se permite: debe dejar de pensar tanto en los demás y detenerse en él. Nos miramos a los ojos, sanándonos, mimándonos. El sonido de la espesa ebullición musicaliza la escena (aunque el extractor de aire hace interferencia constantemente).

Ya estaba todo listo. El arroz amarillo, teñido por el curry, las berenjenas con tomate y parmesano, y la pócima: verde y contundente, pócima para el frío. Preparamos la mesa en el comedor, sería más fácil comer en la cocina, pero perdería el carácter ceremonial y encantador. La iluminación era adecuada, la lámpara refractaba la luz contra el rincón, rebotando contra la pared, acariciando el contorno de los rostros, apenas distinguiendo los colores de los platos. Comimos y bebimos con placer, ambos disfrutamos de la danza de aromas, sabores y sensaciones que despertaba el menú. Se escuchaba el “crunch” de las semillas de sésamo desmembradas por los dientes. Conversamos animadamente, reímos, masticamos. De todos modos él seguía preocupado, aún no había podido encontrar su otra mitad, se sentía agobiado, inmovilizado. Yo intenté calmarlo, aliviarlo de algún modo, y sugerí implementar un experimento para captar a la otra mitad errante, extraviada, solitaria. Ambos extrañábamos a ese ser ausente. Propuse lo siguiente: -Hace tiempo leí en un libro de leyendas indígenas que las almas perdidas no son más que seres vulnerables, agotados por soportar tanta angustia y dolor, por eso a veces deciden separarse y dejar un cuerpo sin alma, o una parte sin su mitad. Se van porque no pueden seguir viviendo de ese modo. Pero existe una manera de atraer a estos eternos viajeros. Consiste en “preparar un té bien cargado, aromatizado con jengibre y cedrón, además debe agregarse un ingrediente que represente la esencia de esta ánima.”

Dicho esto ambos preparamos té verde, con jengibre y cedrón, tal como rezaba el libro, y además agregamos una buena cantidad de miel, convenimos que ese ingrediente representaba perfectamente a quien estábamos buscando. Listo el té servimos tres tazas y comenzamos a beber el jarabe. La otra taza aún seguía en la mesa, intacta, humeante. Él estaba convencido de que esto no funcionaría y abandonando todo ánimo se echó a llorar, emanando un torrente que jamás había visto. Las lágrimas comenzaron a llenar la taza medio vacía y rápidamente desbordaron el jarro. Al mismo tiempo que lloraba hablaba de forma muy extraña, ininteligible. Entre tanta confusión me lancé sobre su cuerpo abrazándolo como nunca, y en el abrazo nos fuimos de esa habitación.

Estábamos acostados sobre el colchón verde de una pradera soleada y brillante. Encandilados por el resplandor. El olor a té envolvía el ambiente. Me levanté algo aturdida y divisé un árbol de cedrón, por eso el aroma era tan fuerte, y a los pies del árbol un hombre bolita durmiendo. Nos acercamos al bulto. Ahora éramos tres. Él había encontrado su otra mitad.

3 comentarios:

  1. que hermosura! lograste que él se descargara, sacó para afuera lo que sentía y lo transformó.todos estamos lagrimeantes estos días, yo también. lagrimeante y algo solitaria.

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  2. siempre me divierto mucho con tus entradas (sobre todo por tu estilo desprejuiciado) pero esta me llega especialmente, cuanto arte para sanar! me emociona... y me anoto el jengibre para la próxima lista del super :)

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  3. Clau: ¡gracias, gracias,gracias por tu comentario! me alegra que los escritos ruiseñores te diviertan y te emocionen, ¡de eso se trata!

    en cuanto al té con jengibre te lo recomiendo (con mucha miel). para preparar té es conveniente conseguir jengibre en polvo, para otros menjunjes la raíz también es estupenda.

    te invito a seguir pasando por aquí...
    ¡saludos ruiseñores!

    luscinia megarhynchos (ruiseñora uno)

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